Problema del Proyecto



Problema del proyecto


Existe una situación-problema en los estudiantes del INEM frente a los procesos de Construcción de Paz, que se puede definir como una Apatía generalizada, que conduce, necesariamente, al deterioro de la Salud Mental en la comunidad estudiantil. Es preciso propiciar un cambio de actitud en el estudiantado que conduzca al afianzamiento de valores nuevos, que generen interés y participación en la construcción de ambientes de convivencia y en la solución pacífica de los conflictos.

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Para lograr este proceso de transformación, es fundamental “ir a la raíz”, analizar las causas que la han propiciado, tales como el desconocimiento del pasado personal y familiar con énfasis solamente en las frustraciones personales y/o familiares pasadas, de donde surgen odios heredados e intolerancia en el manejo de los conflictos, que impiden avanzar en la resolución de los mismos;   baja autoestima que conlleva una experiencia de soledad y un carácter débil y vulnerable. 

Todo este proceso de afectación a nivel individual y grupal, conduce a descubrir unas consecuencias un tanto más generalizadas e interrelacionadas, entre las que se pueden destacar, una juventud con poco interés en explorar formas no agresivas para la resolución de conflictos, manteniendo actitudes de intolerancia, que además, les torna vulnerable a los consumos, y les lleva a hacer, pensar y vivir la violencia como algo natural.


En este sentido, se pueden generar escenarios y actividades que permitan lograr el objetivo mencionado. Si el joven tiene una conciencia clara de su historia personal y familiar (memoria histórica), si es capaz de elaborar odios, venganzas, mediante un proceso de acompañamiento, irá poco a poco levantando su Autoestima lo que le permitirá actuar con autonomía e independencia, asumiendo sus responsabilidades, con un carácter decidido podrá afrontar nuevos retos con los demás compañeros y se sentirá orgulloso de sus logros. Se generarán procesos de relaciones interpersonales solidarios, de empatía en el manejo de conflictos, de aceptación del otro como ser diferente. 



Con este proceso formación-acción, se favorece el sentido participativo y por ende, el desarrollo protagónico de los jóvenes, agentes de cambio, incluso en lo político -con el sentido auténtico del término- impulsadores  de una Cultura de la Paz, cultura de la Vida, cultura de la ESPERANZA,  insertos en su comunidad educativa en la que participarían directivas, docentes y padres de familia. Todo ello, procurando fortalecer la salud mental de los jóvenes y educar para la Vida.  

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